Una empresa que empieza por el fin: crear oportunidades sociolaborales

“Todas las personas podrían llegar hasta donde quieren si tienen el apoyo y los recursos necesarios”, nos explica Daniel Azaña, coordinador de la empresa de inserción Llanero Solidario. Escucharle permite conocer un modelo de organización que invierte prioridades convencionales y, sobre todo, aporta soluciones a la sociedad.

¿Qué desafío fue la inspiración para vuestro arranque?

Nacimos de la necesidad de acompañar a personas en situación de exclusión social que quieren cambiar su realidad. Albacete es una provincia con un índice de pobreza muy alto y conocemos las situaciones que existen tanto en la capital como en los pueblos. Las personas que creamos la asociación llevamos muchos años trabajando en el tercer sector -30 en mi caso- y queríamos aportar nuestro granito de arena.

Ponemos en marcha empresas de inserción, estructuras económicas estables donde las personas en situación de exclusión puedan adquirir o recuperar la mayor autonomía posible en sus vidas, realizar itinerarios de inserción y reintegrarse al mercado laboral ordinario.

¿Cómo innováis para atender mejor los problemas sociales?

Nuestros proyectos ayudan a salir de la vulnerabilidad con recursos pensados para que las personas puedan decidir qué camino de vida quieren tomar. La meta es que cada participante tome la iniciativa. Eso supone temores y dudas que afrontamos a través del acompañamiento de profesionales. Así se potencian capacidades ocultas o poco reconocidas. Y lo hacemos desde el respeto, la comprensión y el reconocimiento mutuo.

No tenemos ninguna receta mágica, pero sí creemos en las personas, sus posibilidades, ilusiones y esfuerzo. También en que, de forma cooperativa, siempre se suma más. En todos nuestros proyectos provocamos la generación de redes sociales. Reivindicamos la importancia de fortalecer la vida en comunidad o barrio y así conseguimos que las personas se sientan menos solas y tengan en quien apoyarse.

Además, las actividades que emprendemos tienen que ser parte de un desarrollo sostenible o de la economía circular. Porque creemos que todas las actividades deben favorecer el medioambiente o, al menos, no empeorarlo.

Nuestro primer proyecto consistió en la venta y distribución de productos de celulosa reciclada. Este tipo de material se extrae de los briks que desechamos en el contenedor amarillo. Se ha encontrado la manera de separar la celulosa, de forma mecánica, del plástico y del aluminio y así han pasado de ser un residuo a convertirse en un recurso, con una calidad similar a la de la celulosa virgen. Con este proyecto, formamos a personas en tareas de venta, almacenaje y distribución de productos. Este tipo de actividad está muy extendida en la ciudad de Albacete, como nexo de comunicaciones con todo el sureste de la Península Ibérica.

También realizamos actividades de agricultura ecológica y aquí la innovación es volver a la agricultura tradicional, a lo que hacían nuestros abuelos y abuelas. Frente a la agricultura extensiva, que es la mayoritaria en Castilla-La Mancha, recuperamos el modelo de huerta tradicional, sin venenos. Recuperamos, en muchos casos, espacios abandonados y producimos alimentos de una calidad y un sabor excepcionales y enseñamos a las personas a producir sus propios alimentos.

Tenemos experiencias de venta por cestas semanales y de venta a granel, con canales cortos de comercialización, lo que también es más sostenible para el entorno. Es difícil llegar a una rentabilidad económica en esta actividad en concreto, pero estamos empeñados en conseguirlo y seguro que lo haremos.

Otro proyecto destacado que desarrollamos es de comunicación y gestión de redes sociales. Es todo un reto cuando las personas participantes apenas saben utilizar un ordenador y, por lo general, tienen un nivel de formación bajo. Pero la experiencia nos demuestra que todas y todos podrían llegar hasta donde quieren con el apoyo y los recursos necesarios. Muchos han sido capaces de crear su propio blog o web, han realizado un programa de radio semanal e incluso han terminado 2020 con la creación de un cuento de navidad. Está escrito y narrado entre todas las participantes, con un resultado muy positivo. Hasta tenemos una persona, Melani, que se ha animado a escribir un libro y pretende que sea el primero de una trilogía.

La mejora en las habilidades de comunicación es uno de los factores más importantes para entender qué tipo de relación establecemos con nuestro entorno. Además, es una herramienta clave para un trabajo de atención al público. O simplemente para hacer una entrevista de trabajo.

Junto con algunos ayuntamientos de la provincia, también impulsamos talleres de transformación y adaptación de ropa usada, donde aprovechamos los residuos textiles para crear prendas y complementos nuevos. Mejoramos las habilidades manuales de las personas participantes, desarrollamos su creatividad y aprovechamos materiales de desecho.

Otra muestra de la diversidad de proyectos que realizamos es el de orientación laboral, con el que personas que ya han mejorado su capacidades y habilidades personales hacen prácticas en comercios y actividades locales y se demuestran a sí mismas que son capaces de realizar el trabajo que se propongan. Al mismo tiempo, respaldamos al comercio de proximidad y acercamos posturas y necesidades de empleados y empleadores en un contexto laboral difícil.

¿Qué impacto o aportación positiva ha representado Triodos Bank para vuestra organización?

Triodos Bank fue el primer banco al que nos acercamos con la idea de la asociación, porque sabíamos que nos iban a escuchar y darnos el servicio que necesitábamos. Y así fue. En pocas entidades valoran como interesante este tipo de actividades. También nos respaldaron para la financiación de la obra de nuestras propias oficinas y aulas, realizadas con materiales de bioconstrucción como barro, paja y madera.

Nuestra organización es relativamente pequeña y la intervención que realizamos con las personas participantes se financia sobre todo a través de convocatorias públicas, que no siempre salen en el momento necesario. Contar con pólizas de crédito y préstamos es algo imprescindible para funcionar. Este mismo aspecto de dependencia de subvenciones es lo que también nos motiva a llegar a una mayor solvencia económica con la actividad de la empresa de inserción.

En todo caso, no podemos olvidar que todas nuestras actividades han recibido subvenciones de la Consejería de Bienestar Social de Castilla-La Mancha, del Fondo Social Europeo y de ayuntamientos como el de Albacete, Chinchilla de Montearagón, Pozo Cañada y Tarazona de la Mancha.

¿Qué destacaríais del impacto que tiene vuestra iniciativa en el ámbito de las empresas de inserción?

Hasta el momento en Castilla-La Mancha las empresas de inserción son una rara avis, pero queremos que eso empiece a cambiar. Llevamos varios años con el objetivo de crear la empresa de inserción Llanero Solidario, pero no hemos querido dar el paso hasta que hemos tenido fuerza económica suficiente, sin arriesgar la actividad de la asociación de origen. Esta es muy importante para las personas que participan en los proyectos. Finalmente, lo acabamos de hacer. En enero de 2021, la empresa de inserción “Llanero Solidario S.L.” se ha hecho realidad.

Este modelo empresarial es el formato ideal para la inclusión sociolaboral porque permite a las personas en situación de vulnerabilidad desarrollar un itinerario de inserción. Es decir, integrar en una actividad real objetivos personales y laborales elegidos por cada uno o una, con orientación, escucha y consejo de profesionales de nuestra entidad. Las empresas de este tipo están en el mercado ordinario, sin apenas diferencia con cualquier otra y la única peculiaridad es que cuentan con una persona que realiza las actividades de técnico de Inserción para acompañar a la plantilla. También tenemos una fuerte carga formativa para que, una vez que las personas han finalizado su itinerario (entre 6 y 36 meses), salgan al mercado laboral ordinario con todas las garantías posibles.

Las empresas de inserción debemos ser el trampolín para que aquellos y aquellas que están en situación de exclusión puedan reintegrarse en el mercado laboral. Además, son muy rentables para el Estado, porque una persona que trabaja en este tipo de empresas deja de cobrar cualquier subsidio o ayuda y se convierte en un contribuyente, con su seguridad social, IRPF y demás. Y, por supuesto, mejora su capacidad de consumo porque tiene un salario. Se considera que un trabajador de una empresa de inserción genera para la sociedad 6.082 euros anuales de media.

¿Qué destacaríais del impacto que ha tenido la iniciativa en vuestra comunidad?

Nuestro mayor impacto ha sido en las pequeñas poblaciones donde desarrollamos los proyectos, en las que apenas hay actividades para trabajar con estas personas.

Trabajamos desde lo personal para cambiar lo estructural. Si me lo permitís, diría que hemos aportado más ojos, cabezas pensantes y brazos de acción para generar más órganos o herramientas de intervención social en nuestra región. Los servicios sociales siempre son necesarios, y más en una comunidad tan empobrecida como la nuestra, pero en tiempos de pandemia esa necesidad se multiplica, porque hay mucha más gente que necesita apoyo.

Sólo en 2020, hemos desarrollado un total de once proyectos en ámbitos muy diferentes y en diez poblaciones, donde hemos trabajado directamente con un total de 175 personas, de las que 115 son mujeres, aspecto también destacable porque la exclusión social es más femenina que masculina. Estas personas sufren una exclusión doble, por ser mujer y por la propia situación que viven, por lo que seleccionamos a más mujeres que hombres para intentar compensarlo.

¿Hasta qué punto consideras que, como entidad de banca con valores, compartimos vuestra visión?

Conocemos Triodos Bank desde que se instaló en Albacete y siempre habéis apoyado proyectos sociales y medioambientales. Es una tranquilidad saber que el poquito dinero que podamos ahorrar se va a utilizar en actividades alineadas con nuestra visión del mundo, y que no va a parar a un proyecto armamentístico o a financiar una macrogranja de cerdos.

Si queremos que nuestra sociedad cambie, hace falta ser coherentes y comprometerse con lo que pensamos, hacemos y con lo que queremos, y Triodos Bank, por ahora, demuestra que es posible.